27.1.10

Caserón abandonado en Jerez

¿Cómo se encuentra un abandono? La de veces que me han preguntado esto… Al final, el método más efectivo es simplemente andar fijándose.

El fin de semana pasado estuvimos por Jerez, en viaje estrictamente cultural y turístico, disfrutando del “pescaito”, la música y las calles convertidas en ríos por el temporal. Llevaba la cámara, como siempre, pero aparte de esto ni una triste linterna, trípode o algún objetivo aparte del todoterreno 14-54mm. Cuando de repente, desde el autobús, me fijo en un enorme caserón con aspecto abandonado.



Me acerqué con intención de echarle un vistazo rápido y sospechando que, o bien estaría vallado (y no llevaba ni ropa ni tiempo para andar con equilibrismos) o cerrado a cal y canto. Cuando vi que la puerta estaba abierta de par en par y el lugar desértico no sabía si alegrarme por mi suerte o si cabrearme por la falta de tiempo y de previsión al no haber traído un mini-tripode ni el 9-18mm.

Desde luego la casa tenía mejor aspecto por fuera que por dentro, pero más que nada porque desde fuera aquello parecía la típica casa encantada de las películas.



Por dentro estaba más bien vacía. Apenas un par de muebles rotos y viejos aquí y allá, y una habitación llena de mesas idénticas, pero aparte de eso sólo habitaciones vacías.

Este aspecto vacío acentuaban aún más la sensación de soledad allí dentro. Otras veces se suelen ver restos de vida, unas veces de los antiguos dueños, y otras de visitantes y moradores ocasionales. Esta vez no había nada de nada. Como si quien fuera hubiera preparado la mudanza y se hubiera olvidado de la casa.



Lo más interesante de la planta baja eran las chimeneas de ladrillo rojo, sobre todo la mayor, coronada por madera tallada similar a la que cubría parte de las parades.



Por suerte hay cosas que es imposible llevarse, como las señoriales escaleras, de madera y en buen estado a pesar del abandono. Los escalones chirriaban ligeramente con mi peso, pero nada alarmante.



En la planta superior más espacios vacíos. La luz era escasa salvo en un par de habitaciones poco interesantes. Por desgracia los baños, que podían haber dado más juego en las fotos, estaban casi totalmente a oscuras, y ni forzando el ISO de la cámara y apoyándola conseguí tomas decentes.



La pequeña terraza de puertas de madera y cristal resultaba sorprendentemente pequeña dado el tamaño del resto de la casa.



Me aventuré un poco por la buhardilla, aunque sin pararme a curiosear demasiado por la falta de luz y el aspecto desolado del lugar. Apenas una foto con la cámara en el suelo y listo.



Mirando reloj decidí que iba siendo hora de ir saliendo. Apenas me tomé el tiempo suficiente para rodear la casa por fuera y tomar un par de fotos de la inquietante fachada.



Todo lo contado apenas llevó una media hora de tiempo en total. Aún así, la experiencia tuvo mucho de gratificante, no tanto por la calidad del lugar como por lo inesperado de su hallazgo. Aunque la próxima vez no salgo de casa sin al menos mi gorillapod chino.

15.12.09

El Mazinger "abandonado" de Tarragona

Hace ya unos cuantos años que tenía conocimiento de una supuesta estatua tamaño real de Mazinger Z situada en una urbanización abandonada de Tarragona. Mirando por Internet había encontrado numerosas referencias a este notable monumento, casi siempre acompañadas de expresiones de asombro y sonrisas nostálgicas.

Aprovechando un viaje en coche a Barcelona decidimos desviarnos para echarle un vistazo a tan curioso “abandono”. Además, con las referencias sobre una urbanización abandonada hasta pensaba que con suerte hasta haría un 2x1.

Dar con el sitio con el GPS fue una odisea. Lo peor de todo fue la referencia de la "urbanización abandonada", ya que ibamos buscando un sitio en ruinas o similar. Aparcamos el coche a un lado de la carretera y pateamos bastante campo, sólo para darnos cuenta de que las coordenadas del GPS estaban más lejos de lo que parecía.

Volvimos a coger el coche y empezamos a dar vueltas por una serie de caminos de tierra intentando dar con el lugar. Tras mucha vuelta le preguntamos a un paisano, no sin antes hacer acopio de valor para vencer la vergüenza de preguntar a alguien por “un Mazinger gigante abandonado”.

Al final resultó que la urbanización abandonada no estaba tan abandonada. Apartada sí, pero habitada y con gente. Aún así, ver al pedazo de bicho aquel en mitad de lo árboles impresionaba bastante.



Hasta había leído por ahí que era “de tamaño real”. Hombre, a tanto no se llega. Los más viejos del lugar deberían saber que en la cabezota de Mazinger cabía una persona cómodamente sentada que pilotaba el robot. En esta cabeza apenas cabría un niño pequeño, y muy muy acurrucado. Aún así, los alrededor de 10 metros de la estatua impresionan.



Ciertamente los colores no son del todo acertados, y que están algo descoloridos en algunas partes, pero, ¿a quien le importa eso teniendo un Mazinger gigante en la puerta de casa?



Al parecer la historia de la estatua es que a alguien se le ocurrió que sería un buen reclamo publicitario para vender casas en la urbanización. No sé yo si ayudaría a vender muchas parcelas. Puede que incluso asustase a algún comprador.



La estatua está formada por un armazón de metal recubierto por fibra de vidrio para darle forma al robot.



No hay mucho más que contar sobre todo esto. Sólo espero que os gusten las fotos.



De regalo, un retoque a saco para hacer más de dibujo animado la estatua. También os servirá para haceros una idea de su tamaño. Como referencia, un servidor mide 1,95m.



¿Es o no es un “abandono” friki? No es lo más raro que me he encontrado por ahí, pero casi que se lleva la palma.

Localización: En Google Maps se aprecia bastante bien. Al menos lo que es la sombra de la estatua.

Acceso: Sin problemas. Es una plaza pública y hasta se puede aparcar el coche justo al pie de la estatua.

Estado: Bastante bueno. Diría que los vecinos le dan una manita de pintura de cuando en cuando. En algunas fotos viejas he visto pintadas que no estaban cuando fui a verlo. Aparte de eso el aspecto es muy bueno. Se puede ir hasta con niños sin problema. El único destrozo que se ve es un agujero en la parte trasera de una de las patas que permite asomarse dentro de la estatua. Se puede ver en la segunda foto.

27.11.09

Las minas abandonadas de Alquife. Parte II.

Cuando acabamos de visitar el recinto volvimos a asomarnos por la entrada principal. Esta vez no había guarda a la vista, pero aún así no quisimos entrar sin más ni más. Puede que el guarda estuviera dentro y tampoco era plan andar enfadando a la gente.

Decidimos echar un vistazo por los alrededores y a lo lejos divisamos a un hombre con un mono de trabajo. Al acercarnos resultó ser un hombre mayor que vivía en una de las casas del poblado. Estuvimos un rato de charla con el y nos contó unas cuantas historias del lugar. Lo más curioso fue su historia de los motivos del cierre de la mina. Según contaba, después de estar en manos extranjeras volvió a ser propiedad española. Sin embargo, y siempre según él, “los jóvenes no querían trabajar”, así que el negocio acabó por irse a pique, a pesar de que, según el, aún quedaba gran cantidad de hierro por ser extraída.

Nos comentó que a aquella hora ya no había vigilante, y que podíamos entrar si queríamos. Nosotros aprovechamos el “permiso” para entrar a echar un ojo.

La zona del poblado costaba de gran cantidad de casitas bajas. La mayor parte de ellas en estado ruinoso. Unas pocas tenían aspecto de haber sido habitadas hasta hace poco, con aspecto de haber sido pintadas y con antenas de televisión. La más chocante era la casa donde el abuelo vivía con su mujer, porque tenía un jardincito cuidado y cantidad de geranios.

Tras ver que las casas no tenían mucho que ver fuimos hacia el centro del poblado, donde estaba la iglesia. También se conservaba en buen estado, supongo que porque estaba cerrada a cal y canto.



Poco más allá encontramos la vía del ferrocarril que se utilizaba tanto para traer suministros como para transportar el mineral hasta la costa de Almería, donde se cargaba en barcos para su transporte hasta los altos hornos. Fijaos en el suelo rojo. Prácticamente todo el metal de ese sitio presentaba el mismo aspecto oxidado.



Mientras nos dirigíamos hacia la zona de de proceso y extracción nos cruzamos con un hombre con aspecto de venir de la Europa del este. Al pasar junto a el le dimos las buenas tardes… Cinco pasos más tarde nos preguntó con acento extranjero que qué hacíamos por allí. Le comentamos que íbamos a hacer fotos y que un hombre mayor nos había dejado entrar. Nos comentó que ese hombre sólo vivía allí y que el sitio ahora era propiedad privada “de su jefe”. De todos modos nos indicó donde estaba “el agujero” y nos dijo que tuviéramos cuidado.

Cerca de allí había una gran explanada flanqueada por un gran monte de tierra, con cintas transportadoras y otra maquinaria clavada en ella como un exoesqueleto. Tierra roja y arbustos amarillentos enmarcando el metal oxidado.



A la luz de la tarde, con el sol empezando a caer, el color que captaban las cámaras era aún más rojizo si cabe. Buena noticia para las fotos, que siempre mejoran con esta luz, pero mala para nuestra prisa, que requería acabar la visita mientras aún quedaba luz.



En la arena aún se podían observar las huellas que los tractores habían dejado en el barro, hoy endurecido. De no ser por alguna brizna de hierba aquí y allá podía haber sido Marte.



En mitad de aquella llanura rojiza llamaba la atención este viejo televisor destrozado. Tan destrozado como fuera de lugar. Verlo allí era como encontrar un geranio en una nevera, con el plus de que tendría que ser una nevera vacía y del tamaño de un campo de futbol.



Poco más allá estaba una cinta transportadora que conducía hasta la zona de maquinaria. Supongo que los camiones operarían por toda la explanada y utilizarían la cinta para ir introduciendo el mineral en las instalaciones. Si os fijáis, el puntito diminuto arriba a la derecha en la explanada, es la tele de la foto anterior.



El otro monstruo que llamaba la atención era esta enorme cinta transportadora móvil sobre raíles. Para que os hagáis una idea, la consola que se puede observar en la plataforma de la izquierda debía tener el tamaño de un piano de pared. Las escalas de metal también sirven para hacerse una idea de lo enorme que era.



Ya más cerca de las instalaciones había varios juegos de cinta transportadora que debían servir para la carga de los trenes. Si os fijáis a la derecha y al fondo se pueden observar las vías del ferrocarril tras bajar un terraplén de unos 4 metros. Por suerte el fluido eléctrico estaba desactivado (y los cables cortados), pero aún así la señal seguía siendo un tanto inquietante.



Tras echar un vistazo nos dirigimos al edificio más grande de las instalaciones. Era una enorme nave llena de cintas transportadoras a varios niveles, conectadas con pasarles de metal. En la parte alta estaba este panel de control con aspecto retro-futurista. Al parecer la instalación era un sistema para separar el hierro de la tierra por medio de enormes electroimanes.



Una vez fuera nos dirigimos otra vez hacia el pueblo. El sol empezaba a estar realmente bajo y nos quedaba poco tiempo de luz. Cerca encontramos unos depósitos, probablemente de combustible.



La suposición se debe a que justo al lado estaba una pequeña gasolinera que debió servir para “dar de comer” a los camiones y otra maquinaria automóvil de la mina.



También encontramos algunos restos de material de los antiguos trabajadores, como estos cascos de obra.



Ya en el poblado encontramos lo que debieron ser los laboratorios. Cajas con sobrecitos de muestras, papeles con informes sobre la pureza del mineral, hornos, tornos, armarios archivadores… Y más cascos.



Esta es la plaza principal del poblado, donde estaban los aparcamientos. La mayor parte del poblado tenía este aspecto. Casas bajas de una sola planta. Cerca de la entrada había algunas de dos plantas, aunque eran las menos.



Respecto al famoso “hoyo” al final resultó que el que vimos no era “el bueno”. Este, sin dejar de ser impresionante, no le llega a la suela del zapato al grande, que a día de hoy se ha convertido en un lago por las filtraciones de agua.



Salimos con las últimas luces de la tarde, con las botas grises teñidas de rojo, el perro blanco de color marrón, las tarjetas de las cámaras llenas de fotos y un regusto metálico en la boca. También con la satisfacción de una buena visita, aunque lamentando no haber tenido más tiempo para ver más edificios y máquinas.

Espero que os haya gustado. El próximo, un cuasi-abandono friki.

20.10.09

Las minas abandonadas de Alquife. Parte I

Ante todo mis disculpas por este par de meses sin dar señales de vida… Ya alguno decía por ahí que el blog iba a hacer honor a su nombre y quedarse abandonado.
Por suerte todo ha sido culpa de las consabidas vacaciones estivales y algunos cambios en el entorno laboral, que me han tenido más ocupado que de costumbre. Una vez aclarado esto…

Las minas de Alquife eran una espinita que tenía clavada prácticamente desde que empecé a hacer fotos de sitios abandonados. No sólo por el aspecto tan increíble que presentaban en la colaboración de Laura y Rubén hace ya bastante tiempo, sino también porque yo había estado en aquellas minas siendo niño, en una excursión del colegio.

Recordaba la maquinaria haciendo ruido, el ir y venir de camiones, y sobre todo el omnipresente polvo rojo del óxido de hierro que lo cubría todo y le daba un aspecto totalmente marciano. Recuerdo especialmente el autobús en el que viajamos, que no recuerdo de que color fue, pero sí que volvió de color granate oscuro, con las ventanillas prácticamente opacas. Hasta nos obligaron a sacudirnos los zapatos antes de subir al bus, con escasos resultados.

Según las últimas referencias que tenía gracias a Mr. Umpi, de Última-visita, actualmente había un guarda que impedía la entrada en el recinto. Desgraciadamente las cosas seguían así, de modo que el vigilante no nos dejó entrar en el poblado, por mucho que intentamos convencerle.

Así que decidimos echar un vistazo a los edificios fuera del perímetro de la mina.

A primera vista parecían algún tipo de horno de mineral por una enorme construcción circular de ladrillo con una chimenea. En los edificios aledaños encontramos poca cosa aparte de techos caídos y maleza por doquier.



Tanto las escaleras como el resto de la madera que se conservaba tenían un aspecto bastante endeble, por lo que desistimos de subir. Tampoco es que hubiera nada interesante en el piso superior, que se reducía a una plataforma de madera.
Abajo encontramos los típicos estantes que se suelen usar para guardar herramientas y piezas de repuesto.



El siguiente edificio al que fuimos resultó ser una especie de taller. Era una nave de buen tamaño y con bastante luz.



Lo que más llamaba la atención era una pequeña grúa en buen estado, aunque por el aspecto del asiento y del motor debía llevar mucho tiempo allí parada. En la foto anterior se ve al fondo.



Había varios bancos de trabajo adosados a las paredes, algunos con tuercas y otras piezas.



Me llamó especialmente la atención este cartel. Uno no sabe si tomárselo a chiste o si asustarse. ¿Qué clase de bromas habrían gastado por allí?



Los edificios aledaños eran pequeños almacenes con trastos viejos. El más interior tenía aún estas pequeñas piezas parecidas a muelles con sus etiquetas. Con la única luz que entraba por la puerta que daba a la nave fue bastante difícil tomar alguna foto allí. Para esta, en concreto, hicieron falta 30 segundos de exposición.



En el exterior había tres camiones en total. Uno de ellos parecía algún tipo de bomba para extraer agua. En la plataforma encontramos este viejo casco de cerveza Alhambra. Hace ya unos cuantos años que con los amigos nos dedicábamos a recoger montones como este de las obras para sacarnos unas cuantas pesetas.



Los otros dos parecían alguna especie de grúa o similar. El interior estaba basstante destartalado, pero desde fuera aún tenían buena pinta, a pesar del óxido y los cristales rotos.



El resto de edificios estaban prácticamente vacíos, excepto un pequeño almacén donde se guardaban diversas catas del terreno. Las catas se obtienen clavando una barrena hueca en la tierra, de modo que al extraerla quedan muestras de varios metros de tierra y roca, que sirve para localizar vetas de mineral, estudiar la dureza del suelo, etc.

El resultado eran estas cajas llenas de cilindros de piedra.



En otra habitación, con aspecto de taller de vehículos, encontré este viejo panel eléctrico, fabricado con piezas de cerámica y con un aspecto ligeramente robótico.
La pared donde estaba era blanca originariamente, pero el polvo rojo sobre el que os hablaba al principio le había dado ese tono rojizo que persistía por doquier.



Uno no puede salir de un abandono sin la típica foto de los servicios. Esta vez no iba a ser menos. Evidentemente, la diferencia con el resto de abandonos es, de nuevo, el color rojo que le daba un inquietante parecido con la sangre seca.



En breve (o no breve), la segunda parte del post.

Salu2!

4.8.09

La mina gótica de Cheratte

La había oído llamar “La mina gótica”, y la verdad es que vistas las fotos que se encuentran del lugar el apodo le venía que ni pintado.

La última exploración de este viaje estaba localizada en el pueblo de Cheratte. Adosada a la montaña de la que se extraía el carbón estaban las instalaciones de las minas de carbón Hasard, cerradas en 1977 tras más de 100 años de historia.

La entrada fue de antología. Empezamos rodeando el lugar e intentando entrar “por la parte trasera”, que resultó ser una ladera casi vertical y cubierta por la vegetación. Saltar la valla principal tampoco era una buena opción estando tanta gente y siendo una vía tan transitada. Vale, no era muy transitada, pero lo suficiente para ponernos nerviosos.

Habíamos oído hablar de un tal señor Gómez. Así que fuimos a preguntar por el “vigilante” en el bar de al lado. Nos miraron con cara rara y dijeron no saber nada.
Curiosamente, menos de media hora después apareció por allí un señor mayor que nos ofreció abrirnos la puerta por unos módicos 20€ en total. En principio hubo algunas reticencias y paranoias estilo “este vuelve con los matones del pueblo y nos despluman”, pero al final, al tener referencias previas del hombre aceptamos.

Los pisos inferiores tenían un aspecto realmente tétrico. Apenas llegaba la luz del día y teníamos que movernos usando las linternas. Con sólo un par de linternas para seis personas tampoco podíamos hacer muchas fotos. Sin embargo, tras subir a las plantas altas, a cielo abierto, empezó el espectáculo.



Esos que se ven arriba son los edificios principales. Albergaban los laboratorios, zonas de procesado del mineral, servicios y baños. Allí encontramos un par de bocas de mina.
No era muy aconsejable andar metiendo las narices por las galerías, ya que aún quedan bolsas de gas grisú (metano) altamente explosivo, así que apenas nos asomamos un puñado de metros por aquellas galerías tapizadas de restos de carbón y las vías de las vagonetas. Según nos enteramos más tarde, había más de 35 km de túneles horadando la montaña.

El interior de los edificios estaba bastante destruido, aunque aún quedaban detalle como estos ascensores para vagonetas, que conectaban la boca superior de la mina con la inferior, y esta con las vías de tren. Los ascensores estaban bloqueados en la planta superior con unas vigas de acero para evitar su caída. Aún así no había valor como para andar metiéndose en ellos.



Desde las ventanas rotas había una fantástica vista de la plaza central, hoy cubierta por la vegetación, y la enorme torre de ascensores.



La torre es uno de los aspectos más llamativos del lugar. Desde su parte superior, con un sistemas de poleas y cables de acero, bajaban y subían las vagonetas con el mineral a las zonas inferiores de la mina.

Los motores de los ascensores no se encontraba en la torre, sino que estaban situados en el edificio tras ella. A día de hoy las enormes ruedas de acero que enrollaban el cable y sus motores eléctricos han desaparecido, aunque aún puede observarse el “carenado” donde se encontraban.



Los cables subían en diagonal hasta la parte superior de la torre por fuera, donde mediante poleas accionaban los elevadores pensados para desplazar las enormes cargas de lignito.



Desde la plaza principal también se puede observar el puente ferroviario que cruza la carretera del pueblo, aunque las vías más allá del puente han desaparecido totalmente. En el puente se puede leer el nombre de la mina y el pueblo.



Cerca del puente del ferrocarril, y anexo a los edificios principales, se encontraba la zona de oficinas y equipamientos. Una sala grande con vallas para hacer cola daba paso a un enorme panel donde los trabajadores de la mina hacían sus fichas diarias. Hoy incluso se encuentra alguna de las viejas tarjetas de fichadas en su oxidado casillero.



Justo detrás se encontraban las estanterías donde se almacenaban y cargaban las baterías de los sistemas de iluminación eléctrica que usaban los mineros.



Luces no pudimos encontrar ninguna, pero sí que había aquí y allá boquillas respiradoras de goma, parecidas a los respiradores de los submarinistas, para filtrar los gases de la mina.




Cerca se encontraban una serie de oficinas y talleres, probablemente para el mantenimiento de los equipos de los mineros. Aún se podían ver papeles amarillentos y restos de equipo, como botas y similares.



Por desgracia no teníamos todo el tiempo que hubiéramos querido, y con la noche amenazando con caer tuvimos que dejar cosas sin ver, como la subida a la enorme torre. En su parte de abajo si encontramos los restos de un enorme ventilador usado probablemente para inyectar aire fresco en la mina. El hueco por el que descendían los enorme ascensores hoy está cegado, aunque no lo suficiente como para que un importante caudal de agua de lluvia formara un riachuelo que desaparecía entre las rocas.



Monsieur Gómez nos explicó que esta agua era precisamente uno de los motivos por los que no se había derribado definitivamente la mina. Al parecer los túneles habían formado un sistema de desagüe para toda la zona, y demoler y aplanar el lugar podía tener como consecuencia riadas. También nos comentó que una de sus tareas allí actualmente consistía en adentrarse en las partes superiores de los túneles y comprobar los niveles de agua. Nos contó que hace bastantes años (no recuerdo que fecha dijo) hubo una gran riada de agua saliendo por las bocas de la mina que inundó medio pueblo.




También nos estuvo contando que por allí aparecía bastante gente para hacer fotos y que abría la puerta con frecuencia. Incluso nos comentó, en un dialecto entre el francés, el español y su portugués materno, que allí se habían rodado incluso películas de “chucu chucu”. Al principio pensamos que tendría algo que ver con las vías de tren de la mina, pero con unos cuantos expresivos gestos acabamos por entender que se refería a películas porno.



En resumen resultó una visita de lo más interesante, tanto por la arquitectura como por los restos, a pesar de las pintadas y los destrozos. Lástima no haber dispuesto de más tiempo para pasear por las ruinas casi góticas de aquél lugar. Desde luego, a mi parecer, fueron unos 20 € de lo más aprovechados.



Tras despedirnos de Stewie, Daphee y Umpi, que se marcharon rumbo a Alemania, nosotros pusimos el GPS con destino a Amsterdam para disfrutar de un poco de “turismo convencional” :)



Enlaces:
Una vez más, forbidden places fue quien nos puso en la pista de la mina en este artículo . No os perdáis sus fotos de los motores y las tomadas desde lo alto de la torre.
Más fotos, aunque con texto en inglés, en Opacity y StahlArt.

10.7.09

Autobuses abandonados en Bélgica

Volviendo del abandono anterior empezó a llover con fuerza. Teníamos pendiente una visita un tanto especial, ya que más que un lugar abandonado se trataba de máquinas abandonadas.

La información que teníamos era un tanto vaga, y estábamos pendientes de que Umpi, de última-visita, viniera al día siguiente para ver el sitio, ya que él fue quien había conseguido toda la información del lugar. Aún así, con algo de luz y tiempo disponibles y nada mejor que hacer, decidimos echar un vistazo al lugar y hacer una visita “previa”.

Cuando llegamos caía agua realmente en serio. A primera vista teníamos una fábrica muy destrozada y pintada que en nada se parecía a las fotos que habíamos visto del lugar. Empezamos a echar un vistazo rápido para comprobar que allí no había nada que se pareciera a un autobús. Solamente había pintadas, goteras y escombros.

Se me ocurrió echar un vistazo a una nave cercana, para comprobar que, a pesar de estar en el mismo recinto sin separación física de la fábrica, la otra nave estaba en uso y cerrada. La exploración previa ya significó empezar a estar ligeramente pasado por agua y empezando a coleccionar barro en la ropa. Tras encontrar un camino de vuelta a donde estaba el resto del grupo que no implicase tanto barro y charcos volvimos en grupo para comprobar la nave.

Tras rodear la nave encontré una vieja barbacoa, un par de sillas y una puerta atrancada. Por suerte, la puerta no estaba cerrada con llave, así que tras un empujón pude asomar la cabeza en la nave. El primer vistazo me indicó que, tal y como parecía, el lugar no estaba abandonado. Herramientas, botes de pintura, y sobre todo un par de flamantes furgonetas blancas al fondo lo denotaban claramente. Al otro lado, como un enorme dinosaurio rojoanaranjado, y cubierto con una enorme funda de tela, estaba el primero de los autobuses que buscábamos. Tras dejar la puerta tal y como estaba me reuní con el resto del grupo.



A esas alturas de la tarde el cansancio acumulado del madrugón del aeropuerto, más el de los abandonos del día empezaba a pasar factura. Por suerte mi abrigo estaba resultando totalmente impermeable, al igual que las zapatillas de gore-tex, que demostraron valer su peso en oro a pesar de lluvia y charcos. Sin embargo los vaqueros eran otra cosa: estaban totalmente empapados. Con las cámaras en el coche, y el resto del grupo bastante pasado por agua, decidimos volver al día siguiente con Umpi, cámaras, y esperando algo menos de lluvia.

Tras la obligada visita al aeropuerto, recoger a Umpi y alquilar otro coche volvimos al lugar.

Si antes parecía que no estaba abandonado ahora no quedaba duda alguna: puertas abiertas, coches aparcados en el interior. Una empresa en pleno funcionamiento un lunes por la mañana. Por suerte una vez más las habilidades diplomáticas de Stewie nos proporcionaron acceso sin mayor problema.

Y allí estaban. Tal y como los vi el día anterior, un montón de viejos autobuses de línea, amontonados en el fondo de la nave.

La primera impresión era que llevaban allí una eternidad, tal era la capa de polvo que había sobre ellos. Mirando las fotos en la pantalla de la cámara parecía casi como si estuvieran tomadas en blanco y negro.



La gran mayoría de ellos eran viejos Vanhool sobre plataformas y motores Volvo, todos pintados en color anaranjado.





A pesar de coincidir en color y aspecto, un vistazo más detenido mostraba distintos detalles, como faros, espejos y demás, que los diferenciaban entre ellos.



La mayor parte de ellos parecían autobuses urbanos o de cercanías, con asientos un tanto espartanos y las típicas barras para que los pasajeros pudieran viajar de pie sin caerse.



En estos casos, los buses tenían un pequeño “mostrador” a la derecha del conductor para poder cobrar los billetes.



Al fondo de la nave, tras todos los autobuses, se amontonaban un buen montón de motores. Parece que, o bien los ahbían desmontado para repararlos, o bien eran motores de desguace para sustituir los originales. La mayor parte de los autobuses tenían el motor en la parte de atrás. En este se puede observar la trampilla en la parte trasera de la zona de pasajeros para acceder al motor.



Otros de los buses parecían haber servido para transporte escolar, por las señales en su parte trasera. Costaba imaginar que alguna vez estos bichos hubieran estado llenos de críos dando gritos y pegando mocos en los asientos.

En otros casos, el aspecto era más “actual”, dentro de lo antiguo, con asientos más cómodos y mullidos. Probablemente estaba pensado para rutas más largas que el resto.



El asiento del conductor estaba bastante estropeado, pero no tanto como parecía. Resultaba curioso el pequeño ventilador en el salpicadero, recuerdo de una época en la que el aire acondicionado en los autobuses era sólo un lujo al alcance de pocos.



Este, sin embargo, tenía el aspecto de ser el más antiguo de todos, por lo espartano de sus asientos.



El puesto de conducción estaba reducido a la mínima expresión, con apenas un puñado de botones y palanquitas asomando entre el polvo. En aquella época el concepto de ergonomía debía de ser un perfecto desconocido. Basta con fijarse en todo lo que debía inclinar la vista el conductor simplemente para leer los indicadores.



Otro de los buses más llamativos era este otro. Tenía aspecto antiguo y le faltaba el parachoques delantero, y tal vez el motor o la caja de cambios, por el vacío en la parte delantera. Era el único pintado en color crema.




La puerta del conductor de este se podía abrir sin problema. La verdad es que entrar por ella era un tanto difícil, sobre todo cargado con la cámara y el trípode.



Por la marca en el volante se podía saber que el autobús era de la marca “Büssen”, aunque no he encontrado ninguna referencia en la red a la marca.



De la marca que sí hay información es de la que fabricó este pequeño urbano pintado de amarillo: Jonckeere. El fabricante belga que empezó construyendo carruajes de caballos en 1881 y que sigue fabricando autobuses actualmente. Este en concreto es un modelo B59-55 que aún puede verse rodando en países de la Europa de este.



Otro autobús que llamaba la atención era uno grande y verde que estaba en una esquina. Desgraciadamente estaba tan pegado a la pared y al resto de autobuses que no había manera de hacerle una foto decente del exterior.
Lo curioso de este bus es que parecía ser un autobús-escuela para prácticas.

El interior estaba casi totalmente a oscuras, en parte por las cortinas echadas, y por lo encajonado que estaba. Esta foto tuve que hacerla “pintando con luz” con la linterna.



El puesto de conducción no estaba mucho más iluminado, tal era la cantidad de polvo que había en sus cristales.



Estuvimos unas cuantas horas paseando entre los autobuses, haciendo fotos sin parar, cada uno por su lado para no molestarnos en las tomas y comentando los detalles cuando nos cruzábamos entre los autobuses.



No nos enteramos del por qué de la presencia de todos aquellos autobuses al fondo de una nave industrial. La idea que sonaba más plausible es que el dueño fuera un coleccionista o algo parecido. Desde luego se hacía difícil pensar en que alguna vez fueran a volver a circular, pero quien sabe… Tal vez con una limpieza y una puesta a punto pudieran volver a dar guerra como clásicos o buses turísticos.




De cualquier manera, la visita fue una de esas de las que uno recuerda con el tiempo, y ni siquiera el chaparrón que nos cayó al salir de allí consiguió aguarnos la fiesta.

Enlaces:
En este caso tenéis un buen par de "versiones" de esta visita, a cual mejor:
- Fotos y texto en El depósito de autobuses, en Ultima Visita.
- Video en Bussen, de celatv.

1.7.09

Colegio abandonado en Bélgica

Vas por la autopista. De repente ves un edificio de aspecto gótico y oscuro en un lado…. “Parece abandonado”, dice alguien.
A la vuelta lo ves desde lejos. El conductor reduce un poco la velocidad…. “¡Ventana rota!¡Hay una ventana rota!”. El conductor toma la siguiente salida y tras dar un par de vueltas por los suburbios aledaños acabamos por dar con el edificio.



La segunda impresión confirma a la primera: está abandonado. Las pintadas en las puertas, algún cristal roto y, sobre todo, las tablas de madera cubriendo alguna ventana rota son características habituales de un abandono. Que el resto de las ventana estén intactas y que no se vean destrozos mayores indican que tiene todas las papeletas para ser un abandono “de los buenos”.

Los buenos abandonos tienen una pega muy gorda, y es que de algún modo están “protegidos”. Puede ser algo tan sencillo como tener todas las puertas y ventanas cerradas con llave, estar tapiados o tener vigilante. Como nunca forzamos la entrada esto suele ser un problema.

Una revisión rápida de perímetro nos permite comprobar que las puertas están cerradas, las ventanas demasiado altas para abrirlas y los muros en buen estado. Ojeando por las mirillas de las llaves y alguna grieta observamos que el interior está abandonado sin duda.

Los carteles en la fachada, en francés y alemán, nos llevan a pensar en un orfanato. Sobre todo al leer la palabra “Orfanarium”.

Nos llama la atención la entrada lateral del edificio… Antena de televisión, ventanas con visillos… ¡un perro! Por suerte viajamos con Mr. Stewie, reconocido relaciones públicas. Una llamada al timbre, un belga con aspecto de no estar muy ocupado y 3 minutos de conversación en francés nos abren las puertas del edificio.

Nos contó que más que un orfanato, el lugar era un colegio en régimen de internado para los hijos de los “batelliers” o fabricantes de barcos. Al parecer debía ser un negocio importante debido a la cantidad de canales que cruzan la zona, convirtiendo la vía fluvial en un factor importante en el transporte de mercancías y personas.

Nos contó también que el lugar se encontraba en obras para convertirlo en apartamentos. Las obras eran patentes en todo el edificio, y prácticamente no quedaba ningún suelo intacto, al haber quitado las losetas. Resultaba curioso ver como los materiales de obra se amontonaban junto a los dibujos que los niños habían dejado en las paredes.



En la planta baja se encontraban la mayor parte de las clases. Aún permanecían allí las enormes y antiguas pizarras de tres cuerpos con montones de inscripciones en tiza, auque probablemente posteriores al cierre de la escuela.



Las escaleras eran algunos de los elementos que mejor se conservaban. Por el aspecto diría que el nuevo proyecto de apartamentos pretendía mantenerlas en su estado actual, ya que se conservaban en buen estado y era una de las pocas áreas en las que las losetas del suelo permanecían en su lugar.



En las plantas superiores se encontraban los comedores y dormitorios, separados por sexos, según nos contó nuestro anfitrión. También había un par de enfermerías y algunas habitaciones para profesores y cuidadores.



En algunas de las ventanas aún permanecían pegados viejos recortes de papel coloreado por los críos, como es el caso de estas flores.



En los pisos superiores había algunas habitaciones grandes con techos acabados en pico. Una de ellas se usaba como pequeño cine. La pena es que había muy poca luz para hacer fotos, y la poca que había venía de pequeños ventanales, de modo que no había manera de hacer fotos decentes. Lo que más me llamó la atención fueron las viejas ventanas con marcos de madera y cierres metálicos.



Tras ver las plantas superiores nos bajamos a los patios.



Había un viejo teatro, aunque las obras lo habían dejado en bastante mal estado y estaba lleno de escombros y con poca cosa que ver.
En el exterior nuestro guía nos comentó que en las plantas inferiores estaban las cocinas y la lavandería, aunque una llamada inoportuna hizo que la visita se acabara de forma bastante repentina, así que sólo vimos la planta sótano por fuera.



Tras despedirnos nos dedicamos a hacer las fotos de rigor del exterior y alguna que otra de grupo. Lo curioso es que el encargado volvió mientras estabamos aún por allí y nos invitó a ver la “casa del director”.

No es un abandono en el sentido estricto, pero la verdad es que era curiosa, sobre todo teniendo en cuenta que aún no estaba reformada y que se mantenía en un excelente estado.



Habitaciones vacías y tres plantas. Lo que más miedo daba eran las escaleras a la buhardilla. Apenas cabía un pié en cada escalón. Al menos eran estrechas como para apoyarse en la pared…



En el desván aún se mantenían los depósitos de agua caliente, aunque por el estado y el óxido supongo que el nuevo propietario debería pensar en buscarse unos nuevos.



El baño tenía ese aspecto añejo de “casa de la abuela”. Sin embargo el estado de los sanitarios era impecable.



En resumen, un golpe de suerte de los buenos. Una auténtica pena no haber encontrado el sitio un año antes y haberlo visto sin todas esas obras empezadas. Aún así, los colegios abandonados siempre resultan emotivos, y más cuando aún encuentras los coloridos restos de los trabajos de los pequeños.

Enlaces:
La misma visita y más fotos, desde otro punto de vista, en Abandonado a su suerte.